viernes, 20 de julio de 2007

Educación sexual ¿ruptura o estabilidad del contrato heterosexual?

Valeria Flores

Fugitivas del Desierto

Lesbianas Feministas

Neuquén

El año pasado se aprobó, a nivel nacional, la Ley 26.150 que dispone la creación del Programa Nacional de Educación Sexual Integral. Un gran avance desde la perspectiva del derecho; sin embargo, en el campo pedagógico-político se abre un gran debate o escenario de disputas.
Pensar en la educación sexual no es pensar en una lista de contenidos a transmitir; desde mi posición como trabajadora de la educación lesbiana, blanca y que intenta desarrollar una práctica orientada por las preocupaciones de las teorías feministas, los estudios gays y lésbicos, así como por los estudios queer, pensar la educación sexual implica comprender las relaciones de poder que construyen subjetividades sexuadas y generizadas, es pensar en el conocimiento como ejercicio político de desnaturalización de las desigualdades y en las posibilidades que tiene la institución escolar de hacer de las vidas y los cuerpos, lugares habitables y placenteros.
El proceso de escolarización del cuerpo y la producción de la masculinidad/feminidad, demuestran cómo la escuela practica –tácitamente- una pedagogía de la sexualidad, o el disciplinamiento de los cuerpos. Esa pedagogía es muchas veces sutil, discreta, continua, y, casi siempre, eficiente y duradera. De ese modo, la escuela “marca” a los sujetos con registros de comportamientos y modos de ser que quedan grabadas en las historias personales como los adecuados y normales.
Podemos decir, entonces, que la escuela incentiva la sexualidad “normal”. Un hombre o una mujer “de verdad” deberá ser, necesariamente, heterosexual y serán estimulados para eso. Es por ello, que la educación sexual podría ser un dispositivo que estimule a comprender el “género, así como la sexualidad, no como una propiedad adherida de los cuerpos o algo que existe originariamente en los seres humanos, sino que es el conjunto de los efectos producidos en cuerpos, comportamientos y relaciones sociales, debido al despliegue de una compleja tecnología política”, siguiendo la afirmación de Teresa de Lauretis. Esta tecnología del género se sostiene sobre lo que la teórica lesbiana Monique Wittig definió como el contrato heterosexual, aquel “acuerdo entre sistemas teóricos y epistemológicos modernos de no cuestionar el a priori del género y de sostener que la oposición sociosexual entre hombre y mujer sea el momento necesario y fundante de toda cultura”.
Entonces, la educación sexual que se está pensando desde los distintos sectores, ¿está dispuesta a entender la heterosexualidad como institución política, y no meramente como una práctica sexual? Si la heterosexualidad, en tanto norma, tiene la capacidad de instalarse de forma tácita y sistemática, regulando múltiples discursos sociales, entre ellos el educativo, definiendo lo que es posible y pertinente aprender y aquello que resulta inconveniente saber ¿cómo están permeando estas regulaciones la manera en que pensamos un currículum para la educación sexual?
Propongo una breve reflexión, desde un lugar que intenta pensar la incerteza de modo productivo, acerca de cuatro protagonistas del acontecimiento educativo que habría que considerar al momento de gestar ese núcleo de saberes y prácticas denominado educación sexual.
Las maestras. Hablo en femenino porque la docencia es un trabajo altamente feminizado, la mayoría que trabajamos en él somos mujeres. Aquí es imprescindible una profunda reflexión sobre la propia sexualidad, dada la construcción de la identidad docente como madre educadora y la persiste desexualización como forma de regulación de la sexualidad de los alumnos/as. ¿Qué estoy dispuesta a escuchar? ¿Cuál es el punto en que me resulta intolerable pensar y hablar de sexualidad? ¿Qué sucede con aquellas maestras cuya sexualidad, por ser lesbiana o bisexual o travesti, sigue circulando como secreto en el espacio educativo? ¿Qué sucede con la subjetividad de aquellas maestras cuyas prácticas sexuales son socialmente estigmatizadas, impugnadas por el sistema heteronormativo? ¿Cuáles son las voces y deseos permitidos?
La institución. La escuela es uno de los lugares de disciplinamiento por excelencia, aunque su función hoy se encuentre en crisis. Es el lugar de las respuestas y lugares seguros. ¿Cómo abordar institucionalmente la sexualidad que es algo que circula y fluye, muy lejos de la estabilidad? En principio, una tarea primordial sería registrar que la sexualidad “no es un problema”, sino un lugar al cual se adhieren los problemas; emerge y se inscribe de ese modo por las representaciones hegemónicas que existen sobre la misma. El discurso del peligro, la prevención y el cuidado que se instala en las escuelas, viendo a niños, niñas y jóvenes como portando cierta “peligrosidad”, silencia de forma casi absoluta al discurso del placer, del deseo, de los permisos.
Las alumnas y alumnos. Entender que son sujetos de derecho, sujetos de sexualidad y no objetos de información, prestando atención al deseo de las alumnas, porque se las suele colocar en el lugar de la victimización. Ya poseen informaciones, valores, representaciones, acerca de las sexualidades y los cuerpos, ya cuentan con su propio “capital sexual”, los que suelen estar pregnados de concepciones sexistas, misóginas y heterosexistas propias de nuestra cultura, así como de una multiplicidad de experiencias que la escuela no “tolera” admitir.
El conocimiento. La educación sexual no puede quedar atrapada en la lógica escolar, que escolariza el conocimiento, lo vuelve estable, lo despolitiza, lo coloca en el lugar de las preguntas aceptables y correctas. Si el género promueve un encadenamiento de significaciones que insiste en su estabilidad y permanencia: existen dos sexos (determinados por los genitales pene/vagina), dos cuerpos (varón/mujer), dos géneros (femenino/masculino) y un deseo, con una dirección obligatoria y compulsiva hacia el sexo opuesto (heterosexual), ¿qué tiene que ver esto con los modos de conocer? Eve Sedgwick, teórica queer, habla del closet (esa forma escondida y secreta de vivir la sexualidad no hegemónica) entendiéndolo como “una epistemología”, o sea, como un “modo de organizar el conocimiento/ignorancia”. Esta epistemología ha marcado nuestras concepciones de sexualidad mediante un conjunto de oposiciones binarias con las que operamos, especialmente en las escuelas, como estos pares: homosexual/heterosexual; femenino/masculino; privado/público; secreto/revelación; ignorancia/conocimiento; etc.
La educación sexual no puede quedar reducida a mera información sobre métodos anticonceptivos y de prevención de infecciones de transmisión sexual, bajo una perspectiva en la que el cuerpo sigue ocupando el lugar de la naturaleza y el género el de la cultura. Porque de este modo, la heterosexualidad se continúa presentando como una sexualidad estable y natural, y también como privilegiada, siendo sinónimo de aparato del Estado, de la moralidad dominante, a partir de la cual, nuestras relaciones como disidentes sexuales son socialmente descartables. En la educación de los cuerpos, la escuela no puede seguir produciendo la sexualidad “normal”, porque la ciudadanía corporal y sexual está en juego.
La escuela tiene que trabajar sobre los formas de privilegio que adopta la heterosexualidad, que a veces pasa desapercibida como lenguaje básico sobre aspectos sociales y personales; que se la percibe como un estado natural; que se proyecta como un logro ideal o moral; que se inscribe como esa sensación de corrección –tácita e invisible- que se crea con manifestaciones contradictorias –a menudo inconscientes-, pero inmanentes en las prácticas y en las instituciones.
De esta manera, maestras y maestros tienen que entender que la experimentación con la conducta sexual no es una experiencia de igualdad de oportunidades. Por eso, la educación sexual en las escuelas no puede desentenderse de los estudios feministas, lésbicos y gays y queer, como tampoco de las reinvindicaciones que reclama el activismo en torno al género y la sexualidad. Es preciso una articulación entre los campos teóricos, políticos y pedagógicos, que tensione las construcciones hegemónicas de la escuela.

sábado, 14 de julio de 2007

BIENVENIDAS


Bienvenidas al blog de Baruyera.

Baruyera es una revista lesbofeminsta, hecha de forma independiente, por mujeres, amigas, activistas, artistas y otras yerbas.

Inauguramos este blog para generar un canal de comunicación y participación, en paralelo a la edición impresa.

Para tales fines, empezamos con un test, a modo Cosmopolitan, devenido en Baruyera:


1- ¿Con cuántas personas decís que te acostaste?
a: No se, está mi novia a mi lado
b: "Siempre fui menos que mi reputación"
c: Es domingo
d: Siempre fui más que mi reputación

2- En tu primera cita:
a: Estrenás tu depilado deluxe
b: Vas a Güerrin y te comés una pizza entera
c: Te encontrás en una marcha, con mate en mano
d: Vas al Malba, con la libreta universitaria

3- ¿Qué significa hacer baruyo para vos?
a: hablar en voz alta
b: darte un beso con una chica frente a un cordón policial
c: ser libre, sin molestar a lxs demásd: usar pollera, sin depilarte


Respuestas:
Si tenés mayoría de a y c, recomendamos, ferviamente, leer a Alejandra Pizarnik y escuchar Liliana Felipe o, en su defecto, Mano Negra.
Si tenés mayoría de b y d, bienvenda a esta no-fraternidad de baruyeras. De todas formas, seguimos recomendando la lectura de Pizarnik.


Fé de (er)ratas:
Cada pregunta (y respuesta, claro está) es a modo de broma.
Alguien dijo, alguna vez, que desde la risa y el chiste se expresa el inconciente. Algo de razón habrá tenido.
Por eso creemos que, si bien nosotras tenemos un esbozo de respuesta "seria", deberíamos, entre todas (vos, yo, ella, nosotras, todos los pronombres) construir una. Colectivamente.






viernes, 29 de junio de 2007

LA CARTELELA AL DÍA!

LA "CARTELELA" AL DÍA

Por una desafortunada distracción (aunque 100% perdonable), ocurrió que en el Nº 1 de Baruyera (en papel) la sección que debía llamarse "CARTELERA DE RECOMENDACIONES BARUYERA" apareció como "CARTELELA ETC..." El neologismo puede interpretarse de muchas maneras, pero de ningún modo como una ironía o burla respecto a aquello que queremos divulgar, que son las buenas obras de teatro.

Entre Baruyera N y Baruyera N+1, iremos agregando data sobre las obras de teatro que vimos y también sobre las que vamos a ver, para que quienes quieran sumarse a las salidas estén enteradas.

Aquí va la primera propuesta, para agendar con tiempo:

LA OMISIÓN DE LA FAMILIA COLEMAN, salida grupal con posterior debate, el domingo 29 de julio a las 19 hs.

En un próximo envío les contaré más sobre esta salida, y también sobre la obra.

Quienes quieran participar de la salida, deben "anotarse" escribiendo a baruyera@gmail.com con asunto "FLIA COLEMAN"

Y algunas "nuevas" recomendaciones:

FRIO, en Abasto Social Club, una obra en la que sólo se escuchan voces en off, que ni siquiera corresponden a los personajes, sino tal vez a las actrices y al actor... ¿una reflexión implícita sobre la alienación, tal vez? Visualmente impecable.

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE AMOR?, en teatro Puerta Roja, basada en textos de Raymond Carver. Una ambientación realista. Dos parejas amigas comparten una "picada" y entre vinos conversan sobre el amor, la vida y la muerte. La sala es bastante gélida, así que llevá saquito...








jueves, 28 de junio de 2007

HACERSE VISIBLE UN DIA ...

El 28 de junio, dicen, es el día internacional del orgullo LGTBI. A propósito de eso, quiero contar una experiencia personal sobre cómo practico y pienso mi forma de hacerme visible en mi ciudad y en todo momento, no para que “el mundo” sepa que soy lesbiana, sino para recordarle a ese mundo que las lesbianas estamos en todas partes, delante de sus ojos o detrás de sus espaldas, teniendo (la mayoría de nosotras) vidas tan comunes y corrientes como cualquiera, lo cual no nos impide (a algunas) reivindicar nuestra diferencia que está, no solo en quiénes son las personas con las que decidimos relacionarnos afectiva y sexualmente, sino también –y mucho más significativamente– en la crítica a la heteronorma y al patriarcado. Nuestra diferencia está en practicar (con los éxitos y los errores que ello implica) un nuevo orden relacional entre las personas.
Como la Visibilidad es una práctica y no una “fecha”, exige una continuidad que puede llegar a resultar performativa, ya que si bien mi estar en el mundo es indisimuladamente el de una tortillera (dizque lesbofeminista) de tiempo completo, mis ejercicios habituales son interpretados en general como los de una -”mujer normal” (es decir, tristemente, los de una mujer colonizada). Por esta razón me resulta indispensable poner el cuerpo en evidencia (ya que hablamos de visibilidad, que es una primera e importante instancia de la Existencia para otras y otros, y no de la “oibilidad” de un discurso que podría muy bien reflejar mis convicciones), y una forma de poner esta autoexigencia en práctica es, por ejemplo, vistiendo sin ningún pudor ni disimulo el pantalón que manché de pintura lila el año pasado, cuando el 28 de junio engrafitamos Buenos Aires con consignas de amor entre mujeres. Con todo, este gesto es suficientemente discreto y no sirve para expresar nada si no media la pregunta acerca del origen de las manchas.
Por eso, hice más: desde marzo, y en forma esporádica, llevo a cabo una campaña de pequeñas intervenciones efímeras en el espacio público. Consisten en pegar por donde voy caminando el letrero que ilustra esta notita. No estoy sola en este proyecto y la posibilidad de llevarlo a cabo con la otra protagonista del testimonio le da una riqueza política adicional. Mientras vamos pegando los letreros, nos miran o nos ignoran…. y cada tanto nos interpelan:
– una mujer joven nos pidió un letrero para llevarse a su casa.
– un hombre creyó que éramos prostitutas ofreciendo nuestros servicios y nos propuso “una fiesta”… o tal vez simplemente tuvo la triste idea de “sentirse lesbiano” y mostrarnos (de la manera más burda) su complacencia, o la intención de “arreglarnos”… preferimos no seguir conversando con el tipo.
– una mujer mayor nos corrió a lo largo de una cuadra y cuando nos alcanzó, tras preguntar discretamente si éramos “Vero y Sonia” nos contó lo mucho que se había emocionado al ver nuestro letrero… Ella quería felicitarnos por “nuestra valentía”, seguramente pensando en toda su vida de disimulo e invisibilidad, pero ni siquiera podía decir que ella era lesbiana y daba más y más vueltas. Estaba tan emocionada y era tan transparente…
¿Es necesario explicar el contenido –tal vez un poco extenso- de nuestro cartel? Considero que no. Todo lo que queríamos decir lo dijimos, eligiendo muy bien las frases que escribimos. En nuestro afiche sólo omitimos el indispensable “NO TODAS LOS DÍAS (NI EL AMOR, NI EL SEXO)” para evitar desplazar el acento hacia otras cuestiones que, considero, también están pendientes de una reflexión profunda por parte de las lesbianas como mujeres deseantes y amantes pero que ciertamente no hacen al tema de la VISIBILIDAD que algunas celebramos exponiendo nuestros cuerpos y tal vez algo más este 28 de junio.

Sonia Gonorazky